
Un rito de paso o de iniciación es uno de los acontecimientos culturales más fundamentales y arcaicos. Tradicionalmente la iniciación consiste en una ceremonia durante la que una o varias personas mueren al pasado, a lo viejo, a la infancia, a la juventud, a la vida de soltero, a la vida secular... para adentrarse a una renovada existencia y participación en el mundo. Podemos llamar tambièn al rito de paso 'morir y renacer' al mismo instante, trascendiendo la red del tiempo y espacio.

En las culturas originarias, estas iniciaciones solían llevarse a cabo en el momento de la transición de la infancia a la vida adulta, o también en el momento del matrimonio, o durante la entrada en la vida religiosa, mìstica u ocultista. Guiados por una figura de autoridad (el chamán, los mayores de la tribu, la sacerdotiza, el hierofante) quien experimenta este ritual, vivencia la muerte del ego y el retorno al caos, como el desafìo de crear el nuevo destino, con el acceso a las fuentes de significado y símbolos culturales, que lo harán emerger renovado como persona y conocedor de una nueva mitología, y de los contenidos autènticos de la cultura de origen.
El Rito de pubertad para los Tupì-Guaranì.
Con doce años los varones, y las jovencitas después de la primera menstruación, se integraban a la comunidad. Ellos debían pasar por ritos de iniciación de la infancia a la adolescencia: grupal en el caso de los muchachos, e individual para las jòvenes. Con pequeñas diferencias entre las tribus, la iniciación para los varones consistía en la perforación del labio inferior con un punzón de madera o asta de venado, para colocar el tembetá, trocito de piedra, madera, metal o hueso que demostraba su entrada en la adolescencia y su pertenencia a la tribu, siendo el distintivo de su identidad . Para que no sintiera dolor se los embriagaba antes con ka`u`y. ( o chicha, bebida fermentada hecha con trozos masticados de maíz y mandioca, fabricada por los jóvenes para beber en las celebraciones). Al cicatrizar la herida eran llevados al patio grande donde se celebraba la ceremonia final con cantos, danzas y rezos.

Estos días de reclusión servían a la jovencita para ser instruìda sobre las fórmulas rituales y oraciones que requerían cada tarea, que empezarìa a compartir con las otras mujeres jóvenes de la tribu, las obligaciones y compromisos con su comunidad .

Al terminar el período de encierro la lavaban con una cocción de cedro y la engalanaban ciñéndole los brazos y la cintura con hilos de algodón que llevaría hasta el casamiento. La ceremonia final era pública en comunidad, ya que el rol de “procreadora” interesaba a toda la tribu. El rito terminaba en fiestas comunitarias con bebidas, música y danzas.
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